Japón en los ojos de Van Gogh

Por Trinidad Pérez Magnelli.

El Van Gogh Museum no ha hecho más que honor a su nombre desde su apertura. Con la colección más grande conocida, el museo ubicado en Amsterdam es una puerta abierta a la obra del principal exponente del post-impresionismo.

Ahora, nos trae otra parcela de la vida del gran Vicent con muchos de los cuadros que muestran la influencia japonesa en el pintor. Desde el 23 de marzo al 24 de junio de 2018 se mantendrá esta exposición titulada Van Gogh and Japan.

Pintar para la incomprensión

La historia ha demostrado que Van Gogh nació antes de tiempo. A pesar de que su visión fue apreciada por sus contemporáneos, sería comprendida años después de su muerte. Incluso imitada por los grandes exponentes del arte del siglo XX, entre ellos Matisse.

 

Desde joven, su fortuna marcaba desgracia. “Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas”, dice Borges. Un desamor que lo llevo a un intento de suicidio, su famosa mutilación y una muerte por herida de bala, provocada por él mismo. Las pinceladas de una vida tormentosa propias de un artista incomprendido. A pesar de ello, sus cuadros rebasan colorido y una percepción optimista de todo lo que lo rodeaba. Pareciera que a través de ellos, buscara toda la alegría que se le iba escapando de las manos.

 

Sus más famosos, como Los girasoles, Noche estrellada, Casa Amarilla y sus Autorretratos llegarían como inspiración a su vida gracias a su hermano Theo. Siendo marchante de arte, lo presento al círculo de artistas como Degas, Pissarro, Monet, Signac, Seurat, Toulouse y Renoir. Aunque no adhiera específicamente a ninguna escuela, el impresionismo marca un antes y un después es sus obras. Acostumbrado a las tonalidades oscuras y terrosas, que caracterizan uno de sus primeros cuadros, Los comedores de patatas, comienza a adherirse a una paleta de colores primarios y secundarios puros.

 

El cuerpo en sus más de 900 pinturas solo puede ser apreciado cuando se las ve en vivo. Cualquiera que las haya visto, puede notar el efecto que el mosaico de fuertes pinceladas provocan en el espectador que solo lo ha visto en fotos.

Japón, esa cultura exótica

A diferencia de sus compañeros de época, Vicent no tuvo la oportunidad de viajar para buscar nuevas inspiraciones. Los problemas económicos, la dependencia a Theo y su salud mental a punto de estallar, le quitaron esa posibilidad de las manos. Pero nunca hizo acopio de su falta de ello. Su extraordinaria visión y el hambre de conocimiento que tenía por las nuevas culturas le permitió crear paisajes, en donde podía poner un árbol japonés en un entorno parisino. O bien, unos lirios con la inspiración acuática de los nenúfares de Monet, que rodeaban a una cortesana japonesa. Así lo vemos en uno de los protagonistas de la muestra de Van Gogh and Japan, Courtesan, en donde Vicent hacia una copia de una ilustración del pintor japonés Eisen.

 

Una vez, viajando al sur de Francia, escribió a su hermano menor: “Aquí no me hace falta para nada el arte japonés, porque me imagino estar en el Japón y nada más necesito abrir los ojos y ver lo que tengo delante.”

 

Pero gracias a la floreciente revolución industrial de Japón, a Van Gogh no le hizo falta el viaje. El comercio con el Oriente se aumento con creces, y entre la mayor exportación se encontraba la de estampas, pinturas y mobiliarios de todo tipo, dando a las casas europeas un toque exótico y de misterio por ese arte desconocido.

 

Una nueva faceta amplia su horizonte artístico. Al pintar inspirándose en las imágenes de grabado ukiyo-e, entraba en un mundo imaginario, real, pero que él recreaba a su manera, como un niño al ver las ilustraciones de su cuento favorito. Hiroshige, Hokusai y Eisen fueron su Oscar Wilde, su Andersen y su Perrault.

 

Con todos ellos compartía el amor por la naturaleza, y tal vez fue esta conexión la que hizo que la influencia fuera una de las mayores en su arte. “Envidio a los japoneses por la increíble claridad de la que están impregnados todos sus trabajos. Nunca resultan aburridos ni hacen el efecto de haberlos realizado deprisa… Su estilo es tan sencillo como respirar. Son capaces de hacer una figura con solo unos pocos trazos seguros, que hace que parezca tan fácil como abrocharse el chaleco”, confesaría en una de sus cartas a Theo.

 

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