Un libro para Carlitos: La Mansión Stoppel revive con Carlos Alonso.

Por Trinidad Pérez Magnelli.

“Y un día, con la sencillez que lo caracterizaba , casi con un hilito de voz, me pregunto si yo querría ilustrarla. Por supuesto acepté inmediatamente.”

 

Con la reciente apertura de la Mansión Stoppel (Mendoza, Argentina), ahora con el nombre oficial de Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel, sería casi un crimen no hablar del artista oriundo de Tunuyán y protagonista de este nuevo espacio cultural abierto al público.

 

Las obras expuestas de Carlos Alonso integran un grupo de ilustraciones que dieron vida a las historias y aventuras de muchos protagonistas de los libros con los que colaboró. Su repertorio incluye: El gaucho Martin Fierro, y la vuelta de Martín Fierro, La Segunda Parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, oportunidad que le permitió completar la obra iniciada por Dalí en la Primera Parte y que recibió al ganar el concurso de Emecé en 1957 y La Divina Comedia siguiendo al pie de la letra de Dante “Dios juzgará a los vivos y muertos”, generando una metamorfosis de los cuerpos de los condenados.

 

A ellas se le suman El matadero de Esteban Echeverría en donde los dibujos completan la descripción de un crimen, Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos, El soldado que nos enseño a hablar de María Teresa León con quien comparte la vivencia del exilio, Mademoiselle Fifi un cuento de Maupassant, Romances del Río Seco libro de Leopoldo Lugones adornado con un prólogo de Borges y que aún espera su clasificación como “poema gauchesco”. De Neruda, 20 poemas de amor y una canción desesperada que permite a Alonso mostrar el amor en la naturaleza del ser humano y en lo más cotidiano, como podrían ser los interiores cerrados y habitaciones oscuras.

Una historia, un dibujo

La versatilidad reina en este conjunto, adaptando sus dibujos a la interpretación que hace de la literatura propia de cada libro. Aun así, nunca abandona su leitmotiv central: cada relato es unido ingeniosamente a un retrato duro de las realidades de la historia argentina, y las turbulentas épocas que hacian sacudirse a la sociedad entre la dictadura y la democracia. Como en Mademoiselle Fifi, cuya crítica de María Teresa Constantin dice: “Alonso sigue la propuesta de Maupassant centrada en la descripción minuiciosa de los estragos producidos por los alemanes durante la guerra franco-prusiana. (Ello) dio al pintor la posibilidad de pensar y poner imágenes a parte de la historia argentina, ajustando la mirada sobre los militares”.

 

Con la misma osadía, se aventura en la técnica mixta, acuarelas, tinta y grabado, entre otros. Su trazo, característica primordial en casi todas sus obras, baila entre la firmeza y el desorden, con un aire abtracto que se instala en los detalles. Los colores sobrios completan a la perfección las emociones que quiere transmitir a sus espectadores. Tales ejemplos se ven en “El matadero”, con un rojo predominante sobre tonos grises, negros y marrones, llegando a la crudeza de un acto inhumano. Lleva a los espectadores y lectores a una intranquilidad, pero bien recibida por quienes buscan sus obras.

 

Unas veces liderados por la perfección, otras por un pincel que quiere llegar al nervio de la vida misma y sus experiencias, sus dolores, sus desengaños, sus traiciones, su crudeza. En resumen, sus dibujos pueden llegar a ser tan perfeccionistas, y a la vez, tan genuinamente imperfectos como sus personajes.

Sobre el Museo Carlos Alonso- Mansión Stoppel

Domicilio: Emilio Civit 348,  Ciudad de Mendoza.

Muestras: Espacio A: Carlos Alonso Ilustrador; Espacio B: Selección Premios Vendimia. Retrospectiva 1977-2013

Horarios: Martes a viernes, de 9 a 21, sábados y domingos, de 10 a 21.

 

 

 

 

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